El don de discernimiento espiritual es una capacidad especial que algunas personas tienen para discernir y distinguir entre las influencias espirituales, discernir la verdad de la falsedad y percibir la actividad de los espíritus en diferentes situaciones o personas.
Aquellos que poseen el don de discernimiento son sensibles a los espiritus y tienen una capacidad única para percibir la presencia y la obra del Espíritu Santo, así como las influencias malignas. Pueden discernir entre lo que es genuinamente de Dios y lo que es engañoso o contrario a la voluntad de Dios.
El don de discernimiento permite identificar las motivaciones ocultas, los engaños, las falsas enseñanzas y los espíritus engañosos que pueden estar presentes en las personas o en las circunstancias. También ayuda a reconocer y evaluar los frutos espirituales y las manifestaciones sobrenaturales para determinar si son auténticos o falsos.
Las personas con este don suelen tener una intuición espiritual aguda y una capacidad para percibir el discernimiento a través de la oración, la meditación en la Palabra de Dios y la dirección del Espíritu Santo.
Pueden ofrecer consejo espiritual y guía a otros, ayudándoles a evitar trampas espirituales y a tomar decisiones sabias y alineadas con la voluntad de Dios.
Es importante destacar que el discernimiento espiritual no debe confundirse con juicio o crítica. El don de discernimiento se utiliza para proteger, guiar y edificar a los demás, no para condenar o juzgar. Aquellos que poseen este don deben ejercerlo con amor, humildad y sabiduría, buscando siempre la gloria de Dios y el bienestar espiritual de las personas involucradas.
En la comunidad cristiana, el don de discernimiento espiritual es valorado como una herramienta esencial para la protección y la guía en el camino de fe. Ayuda a mantener una iglesia sana y libre de influencias dañinas, y permite discernir la voluntad de Dios en diferentes situaciones y decisiones.
En la Biblia, podemos encontrar los siguientes versículos que tratan el don del discernimiento:
Jesús predice su muerte
21 A partir de entonces, Jesús empezó a decir claramente a sus discípulos que era necesario que fuera a Jerusalén, y que sufriría muchas cosas terribles a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero al tercer día resucitaría.
22 Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo por decir semejantes cosas.
—¡Dios nos libre, Señor!—dijo—. Eso jamás te sucederá a ti.
23 Jesús se dirigió a Pedro y le dijo:
—¡Aléjate de mí, Satanás! Representas una trampa peligrosa para mí. Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no desde el punto de vista de Dios.
Ananías y Safira
5 Había cierto hombre llamado Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad; 2 y llevó solo una parte del dinero a los apóstoles pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto.
3 Entonces Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero. 4 La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!».
5 En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió. Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados. 6 Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron.
7 Como tres horas más tarde, entró su esposa sin saber lo que había pasado. 8 Pedro le preguntó:
—¿Fue este todo el dinero que tú y tu esposo recibieron por la venta de su terreno?
—Sí—contestó ella—, ese fue el precio.
9 Y Pedro le dijo:
—¿Cómo pudieron ustedes dos siquiera pensar en conspirar para poner a prueba al Espíritu del Señor de esta manera? Los jóvenes que enterraron a tu esposo están justo afuera de la puerta, ellos también te sacarán cargando a ti.
10 Al instante, ella cayó al suelo y murió. Cuando los jóvenes entraron y vieron que estaba muerta, la sacaron y la enterraron al lado de su esposo. 11 Gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que oyeron lo que había sucedido.
Cómo descubrir a los falsos profetas
4 Queridos amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo. 2 Esta es la manera en que sabremos si tienen o no el Espíritu de Dios: si una persona que afirma ser profeta[a] reconoce que Jesucristo vino en un cuerpo humano, esa persona tiene el Espíritu de Dios; 3 pero si alguien afirma ser profeta y no reconoce la verdad acerca de Jesús, aquella persona no es de Dios. Tal persona tiene el espíritu del Anticristo, del cual ustedes oyeron que viene al mundo, y de hecho, ya está aquí.
4 Pero ustedes, mis queridos hijos, pertenecen a Dios. Ya lograron la victoria sobre esas personas, porque el Espíritu que vive en ustedes es más poderoso que el espíritu que vive en el mundo. 5 Esas personas pertenecen a este mundo, por eso hablan desde el punto de vista del mundo, y el mundo les presta atención. 6 En cambio, nosotros pertenecemos a Dios, y los que conocen a Dios nos prestan atención. Como ellos no pertenecen a Dios, no nos prestan atención. Así es como sabemos si alguien tiene el Espíritu de verdad o el espíritu de engaño.
Pablo y Silas en la cárcel
16 Cierto día, cuando íbamos al lugar de oración, nos encontramos con una joven esclava que tenía un espíritu que le permitía adivinar el futuro. Por medio de la adivinación, ganaba mucho dinero para sus amos. 17 Ella seguía a Pablo y también al resto de nosotros, gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y han venido para decirles cómo ser salvos».
18 Esto mismo sucedió día tras día hasta que Pablo se exasperó de tal manera que se dio la vuelta y le dijo al demonio que estaba dentro de la joven: «Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella». Y al instante el demonio la dejó.
10 A uno le da el poder para hacer milagros y a otro, la capacidad de profetizar. A alguien más le da la capacidad de discernir si un mensaje es del Espíritu de Dios o de otro espíritu. Todavía a otro se le da la capacidad de hablar en idiomas desconocidos, mientras que a otro se le da la capacidad de interpretar lo que se está diciendo.