La habilidad de hacer que las personas se sientan «en casa», bienvenidos, cuidados y parte de un grupo.
El don de la hospitalidad se refiere a la capacidad especial que algunas personas tienen para recibir y acoger a otros de manera cálida, generosa y acogedora. Aquellos que tienen este don tienen la habilidad de hacer que los demás se sientan bienvenidos, cómodos y valorados en su presencia.
Las personas con el don de la hospitalidad son conocidas por su amabilidad, generosidad y disposición para abrir sus hogares y sus vidas a otros. Son capaces de crear un ambiente acogedor y propicio para que las personas se sientan aceptadas y queridas.
Pueden planificar y organizar reuniones, eventos sociales o comidas con facilidad, y se preocupan por los detalles para asegurarse de que todos se sientan atendidos y cuidados.
Este don no se limita solo a recibir a las personas en el ámbito físico de su hogar, sino que también se extiende a recibir a los demás en su vida diaria. Las personas con este don muestran hospitalidad en sus interacciones cotidianas, al ofrecer escucha compasiva, apoyo emocional y disposición para ayudar a los demás.
El don de la hospitalidad es valorado en la iglesia, ya que refleja el amor y el cuidado que Dios tiene por todas las personas. A través de la hospitalidad, se puede crear un espacio seguro y acogedor donde las personas puedan experimentar el amor de Dios y la comunidad de creyentes.
Algunos versículos que tratan el don de la hospitalidad son:
14 Una de ellas era Lidia, de la ciudad de Tiatira, una comerciante de tela púrpura muy costosa, quien adoraba a Dios. Mientras nos escuchaba, el Señor abrió su corazón y aceptó lo que Pablo decía. 15 Ella y los de su casa fueron bautizados, y nos invitó a que fuéramos sus huéspedes. «Si ustedes reconocen que soy una verdadera creyente en el Señor—dijo ella—, vengan a quedarse en mi casa». Y nos insistió hasta que aceptamos.
23 Los saluda Gayo. Él es quien me hospeda y también recibe en su casa a toda la iglesia. Les envía saludos Erasto, el tesorero de la ciudad, y también el hermano Cuarto.
13 Estén listos para ayudar a los hijos de Dios cuando pasen necesidad. Estén siempre dispuestos a brindar hospitalidad.
13 Sigan amándose unos a otros como hermanos.[a] 2 No se olviden de brindar hospitalidad a los desconocidos, porque algunos que lo han hecho, ¡han hospedado ángeles sin darse cuenta!
9 Abran las puertas de su hogar con alegría al que necesite un plato de comida o un lugar donde dormir.