El don de la intercesión se refiere a la capacidad especial que algunas personas tienen para orar fervientemente y con dedicación en nombre de los demás. Aquellos que tienen este don tienen una profunda conexión con Dios y un corazón compasivo por las necesidades y situaciones de los demás.
Las personas con el don de la intercesión son llamadas a interceder ante Dios en nombre de otras personas, grupos, situaciones o necesidades. Dedican tiempo y esfuerzo a orar con intensidad, persistencia y fe por aquellos que necesitan la intervención divina. Son sensibles a la guía del Espíritu Santo y pueden recibir cargas e impresiones específicas sobre por quién o qué deben orar.
Estas personas suelen tener una profunda empatía por el sufrimiento y las dificultades de los demás. Pueden sentir el peso de las cargas de otros y son llamados a llevar esas cargas ante Dios en oración. Su intercesión es un acto de amor, compasión y solidaridad, buscando el bienestar y la bendición de aquellos por quienes oran.
El don de la intercesión es de gran importancia en la comunidad cristiana, ya que a través de la oración intercesora, se invoca la intervención divina, se busca el plan y la voluntad de Dios, y se abre camino para la manifestación de su poder y gracia en la vida de las personas y en las circunstancias.
Es importante destacar que el don de la intercesión no está limitado a un grupo selecto de personas, sino que todos los creyentes son llamados a interceder y orar unos por otros. Sin embargo, aquellos que tienen un don especial en esta área se destacan por su dedicación, enfoque y efectividad en la oración intercesora.
En la Biblia, podemos encontrar los siguientes versículos donde se habla del don de la intercesión:
9 Así que, desde que supimos de ustedes, no dejamos de tenerlos presentes en nuestras oraciones. Le pedimos a Dios que les dé pleno conocimiento de su voluntad y que les conceda sabiduría y comprensión espiritual. 10 Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más.
11 También pedimos que se fortalezcan con todo el glorioso poder de Dios para que tengan toda la constancia y la paciencia que necesitan. Mi deseo es que estén llenos de alegría[a] 12 y den siempre gracias al Padre. Él los hizo aptos para que participen de la herencia que pertenece a su pueblo, el cual vive en la luz.
12 Les manda saludos Epafras, un miembro de la misma comunidad de fe que ustedes y siervo de Cristo Jesús. Siempre ora con fervor por ustedes y le pide a Dios que los fortalezca y perfeccione, y les dé la plena confianza de que están cumpliendo toda la voluntad de Dios. 13 Puedo asegurarles que él ora intensamente por ustedes y también por los creyentes en Laodicea y en Hierápolis.
14 ¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15 Una oración ofrecida con fe sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado.
16 Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos.